Toulouse

Ya ha acabado, me digo mientras vago por las calles de la ciudad rosa. El silencio es aplastante, no hay rastro de gente. Los edificios están formados por pequeñas células de ladrillo que rodean puertas y ventanas. Todo es hermético. Las fachadas se acercan, pesan. Hierro, madera y piedra. Ya ha acabado, debo llevar dos horas caminando. Los encuadres se repiten sin cesar. Infinitas combinaciones con los mismos elementos, repeticiones del pasado que me recuerdan que ya nada será igual, que todos huimos al dar por perdida la batalla. Sólo los tubos y cables agujerean los muros infranqueables, barreras de papel que la peste traspasó sin esforzarse. Ya ha acabado, los pocos supervivientes – unos cuantos- han echado el cerrojo, esperando en vano que no vuelva a escapar la sombra de la muerte.

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